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domingo, 14 de marzo de 2021

Cómo ser feliz sin tanta pinche fórmula - La puta búsqueda de la felicidad

Sea cual sea su significado, la felicidad es algo que buscamos constantemente, de una u otra forma. Y solemos buscarla afuera, en cosas materiales, personas o situaciones, cuando en realidad viene desde adentro, como decía “el hombre más feliz del mundo”.

Foto: Nicoleta Ionescu/Shutterstock
De Te vas a morir Por Mariana Valenzuela

Esa búsqueda te tiene jodido. Dicho más light y desde el punto de vista de una Psicóloga de Yale, buscar constantemente cómo ser feliz, puede generar angustia. Esto de buscar y buscar maneras para alcanzar la felicidad, nos aleja de ella. En vez de dejar que las cosas fluyan, hay quienes se empeñan en ser felices a como dé lugar y creen que deben lograrlo con las fórmulas que otros les dan. Y cuando no se sienten felices, se frustran un chingo y así más se alejan de eso que tanto buscan.
 

Vi esta frase que me gustó: “las personas que viven esperando, dejan que sus vidas pasen”. Si pasamos la vida esperando a que nos llegue eso que nos hace ser felices, nos perderemos la oportunidad de disfrutar este rato que tenemos en este mundo a que llamamos Tierra.

¿Por qué nos sentimos infelices?

Así como la felicidad es subjetiva, también lo es la infelicidad. Somos infelices cuando por alguna razón sentimos que “nos falta algo” en la vida. Algunos en gran medida, en especial cuando tienen depresión (pero eso ya es otro tema), y otros están metidos en una gran tristeza pero buscan ese “no-sé-qué” que los haga levantarse todos los días con ganas. Cada quien es infeliz a su manera. 

Existen varias razones por las que podemos sentir que no tenemos suficiente felicidad en nuestra vida:

Por buscar la perfección, nos exigimos un chingon

Los humanos de hoy tenemos la pinche costumbre de no conformarnos con nada y buscar el perfeccionismo. Es un arma de doble filo: o nos ayuda o nos jode. 

A veces eso lo usamos a nuestro favor y nos ayuda a mantenernos motivados para superarnos, ya sea en el trabajo, en nuestro aspecto físico, en relaciones o en lo que sea. Pero cuando le damos mucha fuerza a esa incomodidad y no sabemos controlar esa sensación que nos hace falta algo para que nuestra realidad esté completa y “sea perfecta”, nos jode la cantidad de presión que ponemos sobre nosotros para lograrlo. 

Nos rodeamos de gente que nos llena de energía negativa

Un estudio realizado a lo largo de 20 años por un grupo de especialistas en la salud, concluye que la felicidad de las personas depende en gran medida de qué tan feliz sea la gente con la que se rodea. Así que si la gente a nuestro alrededor se la pasa tirando mierda a la vida, quejándose todo el tiempo, teniendo actitudes negativas o sintiéndose el centro del mundo, en realidad nos aleja de la felicidad. 

Se nos dificulta diferenciar entre lo que sí podemos cambiar y lo que no

Nos creemos Superman y solo somos simples humanos mortales. ¿Recuerdas ese 10% que depende de cosas externas? Ah, pues hay que tener eso muy presente. Por más chingones que queramos ser, siempre habrá cosas que simplemente están fuera de nuestro alcance. Eso no significa que no sirvamos para nada, no tiene por qué afectar nuestra autoestima el hecho de que no tenemos control sobre todo lo que nos rodea. 

Al contrario, creo que hacer de lado al ego y aceptar con humildad y desde la conciencia que hay cosas más allá de nuestras posibilidades, nos hace más felices porque nos libera de presiones por cumplir expectativas que nosotros mismos nos ponemos. 

Confundimos la idea de éxito, con felicidad

La sociedad nos ha hecho creer que ser exitosos es tener mucho dinero y ser reconocido. El concepto de éxito es más material que emocional o espiritual. 

Hay una frase que leí y me hizo mucho sentido: “El éxito no es la clave de la felicidad. La felicidad es la clave del éxito”. Me parece que si no entendemos esto, no podremos ser felices porque seguiremos presionándonos constantemente por alcanzar esa idea, en vez de buscar cosas que nos den paz interior, bienestar emocional, y nos permitan disfrutar el proceso, lo cual aumentaría nuestros niveles de felicidad.

Diego Dreyfus habla sobre cómo la gran mentira de la sociedad es que el éxito es un lugar al que se llega. Según él, el éxito es un proceso que se disfruta. Si quieres prepararte más en el tema, échale un ojo a este curso.

Tenemos un pinche afán de compararnos con los demás

Por nuestra maña de querer ser mejor que los demás, más perfectos, más exitosos, estamos constantemente comparando nuestra vida con la de otros. ¡Qué hueva! 

Cada persona tiene su camino. Tu paz interior se rompe cuando mides tu realidad en comparación con la de otra persona. Si cada quien es único y vive su propia historia, no le veo el sentido a aferrarnos a compararnos entre nosotros. Eso es perder tiempo y energías por enfocarte en lo que otros hacen o dejan de hacer, en lugar de voltear hacia tu propio camino y entenderlo para darle el rumbo que te haga feliz.

Le tenemos miedo al fracaso y a la soledad

El miedo al fracaso puede llegar a ser una fuerza muy poderosa en cada decisión que tomamos y en cada tarea que emprendemos. Y creemos que fracasar es no ser exitosos laboral y económicamente, y no tener una pareja estable. El miedo al fracaso está ligado al miedo a la soledad. Nos da miedo quedarnos solos en la vida. Por eso nos estresamos tanto por conseguir “el trabajo perfecto” y “la relación perfecta” para que los demás no piensen que somos losers

Y entonces lo que pasa es que no nos detenemos a pensar en lo que verdaderamente preferimos. Le damos más peso a lo que los otros esperan de nosotros porque nos da terror no cumplir expectativas y fracasar. Total: si fracasamos, ¿qué? No pasa nada. De los fracasos también se aprende y de ahí se crece como persona.

Caemos en auto-sabotaje

Nosotros mismos nos ponemos obstáculos en nuestro camino. No confiamos en nuestras capacidades. Dejamos que las emociones negativas alimenten nuestros miedos e inseguridades, y eso nos desmotiva. En vez de echarnos porras, recurrimos a técnicas de auto-sabotaje y nos victimizamos aunque a veces no nos demos cuenta. Está cabrón avanzar si nosotros mismos somos nuestros propios enemigos.

















































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