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jueves, 29 de mayo de 2014

La historia nunca contada del liderazgo empresarial

¿Cuáles son los valores que deben aplicar los futuros líderes empresariales, esas personas que en cualquier momento pueden ascender en su trabajo y que se proyectan dirigiendo proyectos o personas? Opinión de Álvaro Bonilla.*

Me meteré en camisa de once balas y asumiré el papel de abogado del diablo al alustrar la realidad del liderazgo en las organizaciones y cómo este confronta el carácter y los principios de quienes las conforman y dirigen.

Las necesidades organizacionales, logísticas y sociales en la historia han tenido lugar en comunidades primarias, las cuales requerían alimentación, vivienda y defensa de amenazas naturales y de otros grupos de seres humanos. En aquel entonces los líderes emergían de forma natural, como los más fuertes y en muchos territorios los liderazgos masculinos eran más frecuentes. 

Este pintoresco personaje tenía tres responsabilidades: liderar las jornadas de caza exponiéndose a los mayores riesgos físicos; encabezar las caminatas de exploración y desplazamiento de la tribu asumiendo los peligros que el nuevo terreno pudiera tener; y estar al frente de la defensa, coordinando las estrategias y tácticas ante la rivalidad por otros territorios. Estas labores encarnaban riesgos vitales que eran recompensados por un acceso privilegiado a los recursos alimenticios, la posibilidad de reproducirse con las mujeres de la tribu y el poder de tomar decisiones sobre las personas. No todos se exponían a la posibilidad del liderazgo, primero por la fuerza requerida para ejercerlo y segundo por un sencillo cálculo estratégico de sobrevivencia –era mejor ser invisible a costo de vivir más años –. 

Aunque hoy día el líder de una organización no encara los riesgos de supervivencia de los líderes tribales ancestrales, enfrenta otra clase de desafíos que tienen que ver con su lugar en la empresa y que desafían su carácter y su personalidad; cualidades que no conoce ni sabe cómo explotar por estar concentrado en estudiar posgrados y MBA que poco y nada forman en valores.

A continuación los describiré en términos de las paradojas que suponen:

1. Si eres líder la visibilidad te ayudará a poder tomar decisiones, gestionar recursos y personas y hacer que las cosas pasen, pero esa misma visibilidad te hará proclive a mayores ataques, porque siendo bastante realistas las organizaciones pueden llegar a ser bastante competitivas en términos darwinianos donde el más fuerte, o el más astuto o el mejor relacionado es el que sobrevive. 
Cuando eres seguidor es más fácil poder pasar desapercibido y sobrevivir en el largo plazo, pero si estás en la otra orilla estás más expuesto a la confrontación e incluso a la oposición. 

2. Si eres líder estarás más solo, y aunque dispongas de tu equipo de trabajo o incluso colegas con los que compartes liderazgo en otras áreas, muchas de tus preocupaciones tendrás que gestionarlas contigo mismo. El liderazgo imprime cierta distancia emocional con las personas, porque manejas una información y unas responsabilidades que no a todos competen. 

3. Si eres líder te enfrentas a un serio dilema. Debes reconocer que eres vulnerable y que te puedes equivocar, pero también debes “aparentar” ser una persona segura, fuerte e infalible para tu equipo de trabajo. Debes escoger entre la presión de los resultados y la obligación de ser casi perfecto y sabértelas todas, lo cual se expresa en somatización, estrés, cambios emocionales y que resulta amplificando la sensación de soledad. 

4. El líder frecuentemente puede evidenciar con mayor intensidad que las personas se mueven por motivaciones negativas, tales como la envidia o el todo vale, y se da cuenta que algunas personas buscan poner palos en la rueda, generar dinámicas caóticas y pescar en rio revuelto, muchos incluso están detrás de tu cargo y están buscando el mínimo error para entrar a jugar. Las dinámicas políticas del liderazgo requieren que desarrolle competencias de conciliación y de negociación y una piel muy dura frente a las personas que tienen una agenda más personal, más competitiva y más crítica. 

El dilema que enfrentará el líder está en ser un controlador o dar campo a la confianza dentro de su equipo de trabajo. Deberá buscar acuerdos, conciliar y trabajar la asertividad, no deberá dar campo a la paranoia y tendrá que saber muy bien cuáles son las batallas, o guerras, que decida enfrentar. Así mismo deberá evitar graduar de enemigos a las personas fácilmente y tomarse las cosas de forma demasiado personal.

Cuando caemos en las trampas que el liderazgo supone, porque sabemos que más difícil que llegar es mantenerse, entramos en una profunda confrontación con nuestros valores y principios humanos, con nuestra ética y con lo que podemos negociar de nosotros mismos y lo que no. 

Como coach he visto a muchos líderes parados sobre el lugar de la encrucijada, entre negociar su esencia o pelear verdaderas guerras sucias en sus entornos, entre mantener su paz interior y verse presionados por ser perfectos y saberlo todo, entre sentirse humanamente impotente, en duda o deprimido y encontrarse encerrado en su oficina sin poder exponer la realidad emocional que imprime la responsabilidad. 

El reto y el desafío de nuestras instituciones es salir de la fábula del liderazgo como una aspiración y aterrizarla a las realidades organizacionales y darles herramientas a nuestros líderes para que desde el ser puedan tomar decisiones congruentes.

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